Cristina Figueroa, universitaria: “Los jóvenes somos más que una fiesta de viernes”

Esta semana hablamos con una estudiante de Economía de la Universidad de Navarra apasionada de la vida, habladora y con ganas de cambiar el mundo. Su nombre es Cristina Figueroa y, por ahora, vive por Sevilla.

Hace ya un año de la JMJ de Brasil, ¿qué recuerdas?

¡Qué difícil! Hay muchas cosas. El Papa Francisco montó escándalo (para bien) y zarandeó muchos corazones, el mío al menos. Nos invitó a comprometernos con la causa de Dios a fondo y sin “balconear” la vida, a meternos en la “onda de la revolución de la fe”. Creo que resaltaría ese “hacer lío”, salir a la calle e ir contracorriente, a no aburguesarnos y a ser sacrificados. Nos recordó que somos los protagonistas de la construcción de un futuro mejor y que hemos de actuar conforme a esa responsabilidad e ilusión. En definitiva, a comprometernos a vivir nuestra fe y a “llevar nuestro maletín”.

El papa Francisco no ha dejado de insistir a los jóvenes que está en nuestra mano cambiar el mundo, ¿podemos hacer tanto? ¿Cómo empezamos?

¡Podemos hacer mucho! Hay tanto por hacer que creo que nada es poco. Pero aún así estamos acostumbrándonos a ser merengues y comodones, creo que es resultado de una sociedad hedonista en la que lo que parece primer es la búsqueda del placer. Ese placer que no es más que un sucedáneo de la felicidad. Los jóvenes somos más que una fiesta de viernes. Creo que tenemos que empezar por darnos cuenta que tenemos el poder de cambiar las cosas. Despertar y dejar de postergar nuestra responsabilidad como hacemos con el despertador muchas veces. No podemos pasarnos la vida medio dormidos o ”en el balcón”, como dice el Santo Padre. Tenemos muy dentro esos deseos de ser grandes…y es que somos grandes ¡Somos HIJOS DE DIOS! Si lo hiciéramos propio y despertáramos a esta grandeza entonces quizá actuaríamos conforme al gran poder que tenemos y abrazaríamos también la inmensa responsabilidad que eso supone. Tenemos que vivir la vida a todo gas pero en la dirección correcta, dejando que Jesús sea el piloto.

 

 “Dejar que nuestra vida se identifique con la de Jesús, es tener sus sentimientos, sus pensamientos, sus acciones. Y la vida de Jesús es una vida para los demás”, nos animó el Santo Padre desde Copacabana.

Me recuerda esto a lo que decía un santo:  . Y es que si procuras identificarte con Cristo también lo haces con los demás, objeto de su amor; pues identificarse con Jesús implica amar aquello que Él ama.

 

¿Cómo hace apostolado una persona en medio del mundo?

Para hacer apostolado no hay una fórmula mágica ni un manual de esto sí y esto no… El apostolado abarca completamente el actuar de un cristiano porque, quien descubre al Amor, se encuentra con la necesidad de amarEl encuentro con Dios es algo tan grande que nadie guardarse para símismo: se convierte uno como en un sagrario andante. Además como cristianos, todos somos también apóstoles y por ello llamados a  hacer apóstoles. ¿Cómo? Siendo “cabales”, coherentes. Amigos de nuestros amigos y procurando serlo también de nuestros “enemigos”. Porque no hay que decir nada, hay que hacerlo, con el ejemplo: cuando las cosas se hacen, se dicen solas. Y hemos de comportarnos de tal forma que todo nuestro actuar sea una invitación a conocer y amar a Jesús. Con naturalidad, sencillez, así como Francisco, sin pretender enseñar a nadie sino que solo compartir la alegría que viene de esa amistad con Jesús.

San Josemaría, el fundador del Opus Dei, decía: “La libertad renueva el amor”.

Y no solo lo renueva, libertad y Amor van de la mano. La libertad implica una elección y amar implica elegir bien. Por eso, quien ama, es más libre. El amor es renovado cuando cada día elegimos seguirlo y entonces es como si volviéramos a nacer. El mayor acto de libertad es el de la entrega (y la entrega es un “sí” que se renueva cada día). A veces esto cuesta entenderlo.

¿Qué sentido  tiene la oración en nuestras vidas?

¡Porque es nuestro combustible! La oración no es más que el dialogo con Dios y si estamos procurando conocerle, amarle… ¡como mínimo hablar con Él! A Cristo, hay que mirarle de frente y no se me ocurre mejor manera que en la oración. La oración es “tu momento” a solas con Él: para recobrar fuerzas, desahogarse, llenarse de buenos propósitos e ilusiones, consultar inquietudes y en definitiva, reponer combustible para seguirle más de cerca y ser eficaz. Decía San Josemaría: “Un cristiano sin oración es como un soldado sin armas”.