Madre solo hay una

A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María

 

Es curioso como constantemente se escuchan diversos comentarios sobre el papel de la mujer en la iglesia, diciendo que no tienen ningún valor y que se encuentra discriminada únicamente porque no se les permite ser curas. Lo cierto es que es algo realmente llamativo porque, toda esa gente parece desconocer u olvidar esa hermosa frase que tantos corazones apacienta: “A Jesús siempre se va y se “vuelve” por María”

María, la misma mujer a la que Dios eligió para venir al mundo, la mujer a la que Dios elevó a los cielos, la mujer a la que Dios nombró madre de la humanidad, la mujer a la que se nos invita a imitar. Todo el mundo parece olvidar esos pequeños detalles que podemos ver en el evangelio, tales como que los hombres huyeron cuando crucificaron a Jesús, sólo San Juan y las mujeres se quedaron a su lado.

¡Qué fácil es hablar y criticar!, pero yo os pregunto, ¿habéis mirado a vuestras madres? A todas esas maravillosas mujeres que sacrifican su vida por un servicio silencioso, pasan noches en vela, preparan la comida, cuidan el hogar, crían a los hijos… y todo ello, en el mayor de los anonimatos, ya que ni siquiera nosotros somos conscientes de ese trabajo, ni siquiera somos capaces de valorar la labor que realiza diariamente la mujer más importante de nuestra vida.

Diferentes encuestas y estudios señalan que la soberbia es de los siete, el pecado favorito de las mujeres, sin embargo son esas mismas mujeres las que construyen la iglesia, son las que mantienen la unidad familiar, son las que nos educan, son las que generan los cimientos que nos mantienen a todos unidos, ellas son las grandes arquitectas de la sociedad.

Cuanto más leo los evangelios, y más miro a la gente que me rodea más consciente soy del gran amor que profesa Dios a la mujer, ya que fue a una mujer, María Magdalena, a la que se le concedió el privilegio de ser la primera persona en verle resucitar,  y fue a una mujer, su madre, a la que le concedió el amor de todos nosotros, porque… España es mariana y eso podemos verlo cada semana santa, cada fiesta de la patrona, cada petición, cada suplica, todos nosotros vamos a ver a María, todos le pedimos ayuda a ella, y todos la amamos tanto que aunque no seamos los hijos perfectos la sacamos a la calle, la visitamos y le gritamos lo guapa que es. La amamos mucho, porque en el fondo de nuestra alma comprendemos que es nuestra madre, que Dios nos dio una madre a quien llorar y pedir ayuda, una madre a quien querer, que nos vela, nos cuida y nos mima, porque como bien dice el refranero español.